martes, junio 17, 2008

Descubrimientos de ilusión

Cuando le conté a mi buen mentor y amigo, Juan Gámez, que pretendía volver a ver la ciudad de Ronda, para rememorar recuerdos de mi niñez, me comentó que él hizo en su día una ruta junto con su media naranja, Concha, una gran mujer a la que podría dedicarlo un arcón entero por sus muchas virtudes y las que aún le quedan por enseñarme, que podría gustarme.

Yo accedí porque ellos tenían el mismo interés que Carlos y yo, de visitar esas pequeñas cosas que tienen los pueblos que les llenan de encanto y también porque tenían la mismo intención de tapear por todos los sitios que pisásemos.

Así que el sábado nos levantamos a buena hora para dejarnos llevar por la gran ilusión de la que disfrutamos ese día. Me sorprendieron por lo bien organizados y preparados que lo tenían todo. Yo no tenía que molestarme ni preocuparme por nada, sólo dejarme llevar, ¿qué hay mejor que eso? Y encima con nuestros guías de lujo, nos llevaron a sitios maravillosos que me sirvieron para darme cuenta de algo muy importante.

Yo, por mucho, que lleve a mi tierra en mi corazón (y más los dos años de Barcelona), realmente no conocía lo bueno que tiene Málaga, además de la playa, sus gentes, pero si alguien me preguntara los rincones que podría visitar, yo me quedaría más o menos callada, y este viaje de ilusión, me sirvió para darme cuenta de los rincones más bonitos que tiene mi Málaga y los que me quedan por visitar y que muchas veces no nos damos cuenta porque no queremos buscar en ellos y nos dejamos llevar por las cosas de fuera. Así que esto fue lo más positivo que me llevé.

Como os decía, lo primero que visitamos fue ese pueblo blanco que ilustra mi arcón, Casares. Te daba hasta vergüenza apoyarte en ese blanco de todas sus casas, ni la ropa empapada en blanco nuclear quedaría tan blanca como ese pueblo. Después tocaría Gaucín con sus buenos boquerones en vinagre, en un marco como si las casas se extendieran a lo largo de un valle. Posteriormente, descubrimos Algatocín y su buen pan de hogaza (del que disfruto ahora tomándomelo con buen aceite). Pasamos al más maravilloso y a la vez recóndito de esos pueblos, Benalauría, donde comimos en un Mesón llamado La Molienda que forma parte de la guía Michelín, pero uno se puede permitir el lujo de entrar y comer, porque los precios parecen más de Málaga capital que de un restaurante de lujo, alucinante los colores y el sitio donde estaba ubicado este mesón. Imprescindible no perdérselo.

En Benalauría descubrimos dos tesoros en forma de museo del aceite, muy bien conservado y con una muchacha muy amable que nos hacía de profe del lugar y otro en forma de cerezas riquísimas que le compramos a una muchacha que nos abrió las puertas de su casa, en cuanto descubrimos un cartel de "Se venden cerezas" y que mejor reclamo que ése.

Después pasamos por otros pueblos de paso hasta llegar a Ronda, donde ya los recuerdos me vinieron al instante a la memoria y el Tajo lo volví a ver cómo cuando fuí con nueve o diez años, los baños árabes, la coca cola para recuperar fuerzas.

En fin, que tanto Juan como Concha tienen un problema bien gordo y serio y es que me he aficionado a esto y quiero hacer más recorridos por Málaga para seguir presumiendo de ella. ¿Qué digo quiero? Lo ¡exijo!

2 comentarios:

*aleato* dijo...

Que bonito te ha quedao este post!
Yo no me acuerdo de Ronda ya, así que como supongo que en verano ya tendré seguro de coche, iremos a Ronda y daremos un tour ;)
Bueno pues ya me enseñaras las fotos no?
A ver si no se me olvida llevarte el viernes las fotos del Daewoo :)
Bueno un saludo udo!

Chistes:

No es lo mismo la tormenta se avecina, que la vecina se atormenta.


No es lo mismo los perros de Charles Boy que, voy a echarles los perros.

No es lo mismo, me río en el baño que me baño en el río.

¿Por qué los atlantes meten el periodico en el frigorífico?
Para leer las noticias frescas.

No es lo mismo: Este puré de tomate que, tómate este puré

*aleato* dijo...

Otro chiste bueno que se me había olvidado contar:

Caperucita y el lobo:

Lobito, que ojos tan grandes tienes.

El lobo le contesta:
Es para verte mejor.

Nuevamente, Caperucita mira al lobo y dice:

Lobito, que orejas tan grandes tienes.

Y el lobo responde:
Es para escucharte mejor.

Caperucita vuelve a insistir:
Lobito, que nariz tan grande tienes.

Y el lobo le dice:
Es para olerte mejor.

Lobito que boca tan grande tienes.
Y el lobo contesta ya cansado de sus preguntas:

Coño Caperucita, ¿VAS A DEJARME CAGAR TRANQUILO??